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¡Ahí vienen!

Publicado por millaquita activado 26 Mayo 2016, 22:24pm

Etiquetas: #Zenda, #Iberdrola, #Amanecer, #¡Ahí vienen!, #recluta, #soldado, #trinchera

¡Ahí vienen!

¡Ahí vienen! Volvió a gritar el recluta Pérez. Llevaba toda la noche delirando, y sus compañeros aunque lo apreciaban como si fuese su hermano, ya no lo soportaban más. Al principio trataron de confortarlo, se pusieron en su lugar y fueron turnándose para cuidar de él cuando la fiebre lo vencía, pero tras tres días en aquella trinchera, el bueno de Pérez se había transformado en un marrón que ninguno quería cargar.

¡Ahí vienen! Gritó Pérez de nuevo, pero sus hermanos ya ni siquiera lo miraban. No eran estúpidos; jóvenes si acaso, pero no tontos. Todos sabían que Pérez no saldría de allí, que llevaban tres días acompañándole en la que sería su tumba, y pudiera ser que la suya también. Sabían que si la infección no lo mataba, al final uno de ellos perdería la razón y acabaría con su vida. No hablaban del tema, pero tampoco hacía falta, sería algo humano aliviarle el sufrimiento y a ninguno se le podría reprochar ¿Reprochar? ¿A quién? Esa era la cuestión, porque por mucho que supiesen que debía hacerse, ninguno quería ser el que pusiese el cascabel al gato.

¡Ahí vienen! Repitió al rato, pero si lo escucharon no dieron muestras de ello. Tenían otras cosas en las que pensar; la familia, los amigos, las parejas a las que no volerían a ver, y ante todo en sobrevivir un día más. Faltaban apenas cuatro horas para el amanecer y con las primeras luces de la mañana llegaría también el enemigo. Ahora eran soldados, aunque ellos siguieran considerándose reclutas. No habían podido terminar el periodo de instrucción y aún así los enviaron a la batalla. Llegaron el primer día siendo poco más que unos niños, pero ahora ninguno conservaba la esperanza de llegar a convertirse en hombre.

¡Ahí vienen! Dijo de nuevo. Su voz había perdido fuerza y respiraba con dificultad. Le quedaba poco, Pérez no vería un nuevo anochecer. Puede que los demás tampoco sobreviviesen a ese día, pero lucharían hasta el final, permanecerían allí tumbados en la trinchera, disparando por sus vidas, dejándose guiar por su instinto porque no quedaba nadie que diera las órdenes. Su sargento cayó al segundo día, tras su muerte se hizo cargo el cabo, pero este tampoco tardó en morir. De los cuarenta soldados que habían salido del cuartel ya sólo quedaban ocho, todos soldados rasos que juraron por la bandera antes de tiempo.

¡Ahí vienen! Graznó el soldado antes de expirar. Y los demás, mirándolo, comenzaron a llorar. Estaba amaneciendo, la mañana aclaraba y a lo lejos entre ellos y el Sol avanzaba el enemigo, no podían verlo con claridad, pero sabían que eran más que ellos. La noche había pasado y ahora sólo eran siete. Cogieron las armas y se colocaron cada uno en su lugar ¡Ahí vienen! se dijeron los unos a los otros, y se dispusieron a sobrevivir un día más.

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